Superstición: ¿Por qué se considera que el color verde trae mala suerte en el teatro?
Superstición: ¿Por qué se considera que el color verde trae mala suerte en el teatro?

Si bien el mundo del teatro es rico en tradiciones y símbolos, pocas supersticiones son tan persistentes como la que rodea al color verde. ¿Por qué el verde, sinónimo de naturaleza y renovación, trae mala suerte en el escenario? Para comprenderlo, debemos ahondar en la historia, explorar las creencias populares y descifrar la influencia de este color en el mundo del teatro.
Verde, desafortunado en el teatro: un origen teñido de toxicidad
Para empezar, la aversión al verde en el teatro no es simplemente una cuestión de capricho estético. Tiene sus raíces en hechos muy reales. En los siglos XVII y XVIII, el vestuario teatral solía confeccionarse con tintes a base de arseniato de cobre , un pigmento que otorgaba a la tela un hermoso tono esmeralda, pero que era altamente tóxico. Los actores que usaban estas prendas, bajo focos abrasadores o en escenarios mal ventilados, corrían el riesgo de sufrir dolores de cabeza, quemaduras en la piel o incluso intoxicación.
Se dice que algunos artistas se negaron a usar el color verde cerca de su piel por temor a irritaciones o enfermedades graves…
Este peligro tan real fue alimentando gradualmente la desconfianza hacia el color verde, percibido como ominoso o maldito. Con el tiempo, la causa química se desvaneció, pero la inquietud persistió, transformada en superstición. Así, el verde se convirtió en sinónimo de mala suerte.
Molière y la tragedia de la anécdota
Otra historia emblemática alimenta esta creencia. Se trata de Molière, figura clave del teatro francés, quien supuestamente murió vestido de verde tras una representación de El enfermo imaginario en 1673. Si bien los historiadores coinciden en que usó un traje de este color en su última aparición en escena, la idea de que su muerte estuviera directamente relacionada con su vestimenta es pura leyenda . Sin embargo, esta trágica coincidencia bastó para perpetuar el tabú, y por eso se dice que el verde trae mala suerte en el teatro...
Así, a partir del siglo XVII, el miedo al verde se arraigó y la idea misma del "verde fatal" ganó terreno.
Incluso hoy, algunos actores de gira se niegan a sentarse en una silla verde en los camerinos, como si temieran tentar a la suerte. Tampoco es raro que un accesorio verde indeseado se retire discretamente antes de que se levante el telón.
Debido a la especial sensibilidad de los artistas a las señales, esta historia ha perdurado a lo largo de los siglos como una advertencia silenciosa. El miedo irracional al verde se ha transmitido de generación en generación, hasta el punto de estar arraigado en las costumbres y prácticas de muchas compañías teatrales.
Un color único en el espectro simbólico
En muchas culturas, el verde evoca naturaleza, equilibrio y esperanza. Pero en el teatro, se ha convertido en un contrasímbolo. A diferencia del rojo, asociado con la pasión, o del negro, que transmite drama, el verde lucha por encontrar su lugar en el escenario.
Sólo hubiera bastado que un actor de verde desapareciera entre las sombras para que las sombras se convirtieran en una maldición.
Esta percepción se ve reforzada por consideraciones prácticas: bajo ciertas condiciones de iluminación, en particular con focos incandescentes antiguos, el vestuario verde podía parecer apagado o borroso , dificultando la visibilidad de los actores. Si bien las tecnologías actuales han resuelto en gran medida este problema, las viejas costumbres son difíciles de eliminar.
La superstición hoy: entre el respeto y la provocación
En algunas escuelas de teatro, aún es común invocar la "maldición del verde" para poner a prueba la sensibilidad de los estudiantes. Es una forma lúdica de transmitir el folclore teatral, a la vez que resalta la importancia de la historia y el simbolismo en la actuación.
En definitiva, ¿por qué se considera que el verde trae mala suerte en el teatro ? En esencia, no trae mala suerte, pero en el imaginario colectivo encarna un legado de riesgo, emociones intensas y anécdotas memorables. Nos recuerda que el escenario es un espacio de transmisión, donde jugamos tanto con las palabras como con los signos invisibles.
Rechazar o adoptar el verde se convierte entonces en una elección entre una tradición respetada y un espíritu de desafío.













